Origen y evolución de las Ferias Medievales

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LAS FERIAS MEDIEVALES

Hace un par de días, publicábamos el calendario con los mercados, las ferias y las fiestas medievales de nuestros pueblos y ciudades que se celebrarán durante el mes de abril.

¿Te gustaría conocer cómo surgieron y cómo han ido evolucionando las Ferias Medievales?

Te lo contamos.

Los mercados eran los lugares de intercambio de bienes y existen desde que el comercio es una actividad humana.

En la Edad Media, la dificultad, el coste y la inseguridad de los caminos y de los transportes convirtieron a las ferias en los únicos lugares donde conseguir desde productos de primera necesidad que escaseaban en los territorios más próximos hasta artículos llegados de países lejanos. Así, estas grandes concentraciones de gente de distinta procedencia y lengua, con objeto de aprovisionamiento e intercambio, se convirtieron en instituciones prósperas.

Todos y todas esperaban la celebración de estos eventos y reyes, señores feudales, abadías y prelados autorizaban, promovían, protegían y recaudaban impuestos. La duración de una feria podía ser de un mes o más y la organización de la misma tenía que obedecer a una regulación minuciosa. Montadas las paradas, unos días estaban dedicados al intercambio de los paños; otros, a la piel curtida de cabra y al cuero adobado y adornado con dibujos pintados o en relieve, hecho con piel de vaca y procedente de Gadames (Libia). El resto, se dedicaban a otros artículos y los últimos días se reservaban para hacer balance.

Hay crónicas sobre ferias que se celebraron ya en Francia en el siglo V y doscientos años después, en los alrededores de París, tuvo lugar la más concurrida en la Abadía de Saint Denis donde se suministraba vino y miel a las ciudades norteñas que, por su clima, no tenían estos productos.

En 1084 se celebró, por vez primera, una feria internacional en Thourout  (Flandes) conocida como nundina.

En el siglo XII, se organizaron ferias en el centro de Europa, Italia e Inglaterra. Las de Saint Ives, Winchester y Northamptom eran muy populares pero las más abarrotadas eran, sobre todo, las ferias de Provins y Troyes que se celebraban dos veces al año. En todas, los mercaderes italianos negociaban con productos adquiridos en los países mediterráneos y compraban productos del norte de Europa como los paños y la lana, muy apreciados en las ciudades del sur. Sobre estas ferias se basa el comercio internacional del Medioevo. Desde la celebración de una de ellas a la siguiente transcurrían entre cuarenta y cincuenta días iniciándose el ciclo con la primavera, en marzo, y acabando antes de la llegada del invierno, en noviembre.

Como mencionábamos la finalidad de una feria era el intercambio de bienes, pero al ser un evento que se repetía habitualmente, propició la construcción de iglesias, de lonjas para hacer más cómoda la contratación, de almacenes fortificados como los campanarios, de tiendas adheridas a los edificios urbanos más importantes.

Los vendedores, sus acompañantes y servidores y los cambistas se alojaban en barrios donde, todavía hoy, permanece su huella. En toda Europa, hay calles y plazas del Mercado, de la Moneda o de los Lombardos.

El comercio y las finanzas fueron profesionalizándose. Los cambistas solucionaron el contratiempo de la variedad de monedas intercambiándolas según el metal precioso con el que estaban acuñadas. Como los caminos no eran seguros, no era recomendable transportar sumas de dinero muy grandes y, por este motivo, se idearon el crédito y la compensación; se compraba en una feria y se pagaba en la siguiente.

Las deudas se registraban en las tarjas, que consistían en una media caña o tablita donde se hacían muescas para llevar la cuenta de las compraventas. Una de las partes era para el vendedor y la otra para el comprador. Casando ambas, se comprobaba si concordaban o no.

Resaltar que las grandes empresas con filiales en las principales plazas comerciales europeas e interesadas en distintos productos perfeccionaron las técnicas contables, para obtener balances precisos e inventarios minuciosos.